Solo una voz se oye.

Grandes talentos en cuba polemizan cada día, tanto en la viva cotidiana, como en los cónclaves organizados por el estado. Curiosamente leyendo una noticia de la, Agencia de Prensa “Prensa Latina”, que trata sobre el interesante VII Congreso de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba), anuncia la salida de un tabloide donde recoge algunas de las intervenciones que acontecieron en dicho evento. Lo preocupante es que se manifiestan como las escogidas para engrosar el documento, las mismas voces, aunque no fueran las preferidas.

¿Enemigo o conocimiento?

En todo el tiempo que llevo dedicándome a la informática, siempre ha sido un acertijo para mi, el valor que se le confiere a la red de redes en cuba. Después de tanto tiempo por estos andares todavía me pregunto.

¿Internet es el enemigo o el conocimiento?

Espero realmente que algún día esa misma pregunta se la formulen los que ha diferencia de mi, si pueden respondersela.

Rotundo mentís y respuesta demoledora

De Pedro Campos Santos

Viernes, 4 de enero de 2008

2007 fue un año decisivo para la revolución socialista en Cuba, donde el papel protagónico fue reasumido por las masas. Ratifica Raúl su compromiso anti inmovilista. Se agudizará la lucha fraternal entre el viejo y el nuevo socialismo. Las próximas elecciones para diputados y el nuevo gobierno podrían reflejar el nuevo rumbo.Concluye un año decisivo para el futuro de la Revolución Socialista en Cuba, caracterizado por el papel protagónico que el pueblo y los trabajadores se dieron con su amplia participación en el debate orientado por el Partido sobre el discurso de Raúl el 26 de julio, a cuyo análisis dedicó el 2do Secretario del PCC su intervención en la reciente Asamblea Nacional del Poder Popular, en la cual expresó: “El último año ha sido sin dudas de un intenso trabajo con la participación activa de todo el pueblo”.

El 2007 abrió con una clarinada contra el sistema burocrático entorpecedor del normal desarrollo de la sociedad: la protesta de los intelectuales conocida como la “guerrita de los emilios”, continuando el debate que se venía desarrollando en las páginas digitales de la izquierda y otros foros desde el discurso del Comandante en Jefe en la Universidad en noviembre del 2005 sobre la eventual reversibilidad de la Revolución y sus causas, el cual se reflejó también en otros intercambios electrónicos, artículos de la prensa oficial y la especializada, inspirados en los reiterados llamados del Ministro de las FAR a debatir abiertamente nuestros problemas.

Puntos relevantes en el año, fueron el discurso de Raúl el 26 de Julio y su posterior debate, acontecimientos históricos que incluyeron la realización de 215 687 reuniones donde participaron más de 5 millones de compatriotas, quienes realizaron 3 255 344 intervenciones, en las que se hicieron más de 1 300 000 planteamientos. Esos más de 3 millones de cubanos que intervinieron en las discusiones, apoyaron con su actitud los llamados de Raúl y confiaron en él, constituyen el verdadero destacamento de vanguardia de la revolución socialista en la Cuba actual.

La intervención del Presidente en funciones, en la última sesión de la Asamblea del Poder Popular es el más rotundo mentís a los que creyeron que tales discusiones serían “una estratagema más” y una respuesta demoledora a los que, desde dentro o desde fuera, trataron de mediatizarlas, unos para que nada cambiara y los otros para derrumbarlo todo desde la contrarrevolución, aprovechando el descontento generado por el inmovilismo. Fue preciso el líder revolucionario en ofrecer ya algunas consideraciones prelimares y directrices principales, emanadas de todo ese proceso, entre las que destacan:
“El principal y decisivo propósito de este gran esfuerzo ha sido la búsqueda, con la participación consciente y activa de la inmensa mayoría de los cubanos, de las mejores soluciones…”
“Coincidimos con quienes han alertado sobre el exceso de prohibiciones y medidas legales, que hacen más daño que beneficio”
“… continuará actuándose con toda la rapidez que permitan las circunstancias, para que la tierra y los recursos estén en manos de quienes sean capaces de producir con eficiencia, se sientan apoyados, reconocidos socialmente y reciban la retribución material que merecen”
“se trabaja para… eliminar la nociva tendencia al triunfalismo y la complacencia” “No he pretendido agotar ninguno de los temas abordados, sobre ellos habrá que volver una y otra vez”
“Millones de cubanos expresaron consideraciones y sugerencias dirigidas a perfeccionar nuestro socialismo.” “Una Revolución que nos pertenece a todos,”
“Sería suicida no actuar así frente a una administración norteamericana que…ha arreciado su agresividad contra Cuba.” “También se analizan decisiones dirigidas a la paulatina solución de diversos problemas en la educación, la salud, el transporte, la vivienda, la recreación,…” “Habrá que establecer prioridades, organizar mejor la mano de obra y los recursos e introducir tecnologías modernas.” “Otro grupo de complejos asuntos, como la existencia de dos monedas y las deformaciones de los sistemas de salarios y precios, requieren estudio profundo” “Debemos determinar, con la participación activa de todos, cuáles son en nuestras condiciones las vías más efectivas para asegurar el incremento sostenido de la producción nacional…así como el perfeccionamiento del sistema empresarial vinculado a los resultados.” “Son justas las críticas de la población por el uso irracional de los recursos en determinadas entidades estatales”
Estas expresiones de Raúl, en consonancia con la máxima del Comandante Marcos: “Mandar obedeciendo”, confirman que el pueblo pidió avanzar hacia un socialismo más participativo y que la dirección de la Revolución, haciendo honor a la confianza que en ella depositaron los millones que tomaron parte en el debate, actuará en consecuencia, para lo cual garantizará que este proceso no termine aquí, sino que continúe como un permanente generador de renovados y objetivos enfoques para buscar y aplicar -entre todos- las soluciones socialistas a nuestros problemas sociales, económicos y políticos.

En una revolución verdadera como la cubana, signada por el enfrentamiento al más brutal de los imperios y donde los medios de producción han sido expropiados al gran y medio capital, la garantía del camino socialista y la irreversibilidad hacia el capitalismo, estará en la activa participación del pueblo y los trabajadores en la discusión y en la toma de decisiones sobre todos los aspectos importantes que afectan su vida, rumbo que Raúl acaba de anunciar.

El propio debate, donde todo pudo ser cuestionado por las bases desde las posiciones de la Revolución y el Socialismo, fue la máxima expresión del cambio que ya se vislumbra de una concepción dirigista y burocrática para conducir los problemas de la sociedad y la economía, hacia otra nueva, participativa y democrática donde sean las bases, los trabajadores y el pueblo los principales actores y directores, en la cual todos seamos sujetos y no objetos del desarrollo social.

Si en las pasadas ediciones de las sesiones de la Asamblea Nacional, Raúl hablaba de la necesidad del debate, las discusiones y las discrepancias, en esta ya pudo centrar su intervención en las millones de participaciones y propuestas y referirse concretamente a los problemas y a las soluciones planteadas por las bases, muchas de las cuales no estaban en el arsenal del aparato burocrático tradicional que dirige la economía y la sociedad.

Esta primera gran batalla contra el inmovilismo ha sido entablada y ganada, pero no significa su derrota definitiva. Ahora tendremos que andar un complicado trecho para hacer realidad este camino iniciado, hacer efectivas las medidas que se intuyen del discurso de Raúl y, específicamente, formalizar las maneras concretas que garanticen sistémicamente el ejercicio democrático y decisorio de los de abajo en los centros de producción y servicios, en la comunidad y en la prensa, impregnándolos de este nuevo estilo. Siempre habrá quienes estén llamando a la moderación, a la pasividad y pedirán analizar muchas veces las cosas antes de dar paso a alguna nueva medida, serán los mismos para quienes todo está bien y sólo necesitamos “trabajar más”. Con esa especie de revolucionarios encorbatados y sabihondos, estaríamos todavía esperando la caída de la tiranía batistiana.

En una clara muestra de que el centralismo burocrático va perdiendo terreno, cuando algunas intervenciones con datos económicos generales en la Asamblea Nacional, dejaban en el aire una estela de interrogantes, Raúl señalaba: “nos interesa, especialmente, que el comportamiento positivo de los indicadores macroeconómicos se refleje lo más posible en la economía doméstica, donde están presentes carencias cotidianas.” Para más claridad sobre el verdadero significado del cifrado estadístico del aparato económico ministerial, al referirse al debate sobre el mismo expresó: “Hemos tenido una buena reunión sobre el Plan de la Economía y el Presupuesto aprobados para el próximo año. Sobre todo ha sido la más breve de la historia.” Ciertamente más vale la pena dedicar el tiempo a pensar el futuro.

El debate importante, al que sí dedicó Raúl su tiempo y su discurso fue al que realizó el pueblo, algunas de cuyas propuestas –sin precisar- el inmovilismo trató (y seguirá tratando) de desarticular al pretender descalificarlas como producto de la ignorancia. Tales irrespetuosas e irresponsables alusiones a las opiniones de los de abajo, reflejan el comportamiento típico de los carentes de argumentos que subestiman la sapiencia obrera y popular. En nombre de los millones de “ignorantes” que ahora fueron escuchados, pero que no tienen acceso directo a esas tribunas, ni cuyas opiniones publica la prensa oficial, respondió Raúl: “…el debate fue una sólida demostración del alto nivel de conciencia y cultura política del pueblo.” Los que en forma sibilina siguen buscando la ignorancia en las bases, sólo reflejan su propia incapacidad para comprender los verdaderos intereses populares y resultaron ser los descalificados en este proceso, tanto por el pueblo como por Raúl. Fueron los estertores del viejo sistema que, sintiéndose acorralado, busca mediatizar, amedrentar y detener la crítica popular y la aplicación de medidas que inevitablemente arrasarán, en la continuación de este proceso, con el burocratismo, el dogmatismo, la doble moral y el cinismo que lo caracterizan.

Simplemente la filosofía justificativa que inmoviliza debe ir quedando atrás, esa que todavía
a) cree necesario producir primero para repartir después, en negación de la relación dialéctica interdependiente que existe entre producción y estímulo;
b) entiende, o hace como que entiende, cuando se hable de cambios estructurales que se trata sólo de infraestructura de puentes, carreteras, vías férreas, nuevas grandes inversiones industriales, sistemas constructivos de producción, almacenamiento y distribución de electricidad, agua, gas o petróleo, etc., desconociendo que la base –estructura- de cualquier sociedad, el modo de producción, está compuesto por las fuerzas productivas (que además de la infraestructura económica incluye la más importante: el ser humano y sus conocimientos) y las relaciones de producción, al centro de las cuales están las formas de propiedad y apropiación;
c) insiste en culpar de la ineficiencia en la producción, a los trabajadores indisciplinados, que hay que “educar económicamente”, a la falta de exigencia de los eslabones intermedios y a los desvíos de recursos, cuando todos sabemos que las “causas de todas esas cosas” radican en que los trabajadores están insatisfechos con la retribución a su trabajo y no se sienten dueños de los medios de producción, pues no lo son en verdad por mucho que se les diga, si en nada ellos determinan;
d) continua justificando los problemas en la agricultura con la ocurrencia de desastres naturales y el bloqueo imperialista, sin reparar en que casi la mitad de las tierras cultivables, con o sin lluvia, se han llenado de marabú por encontrarse hasta ahora acaparadas en manos del ineficiente estado que no ha sido capaz de hacerlas producir y ha preferido comprar productos agropecuarios fuera del país antes que estimular su producción por los campesinos cubanos,
y e) mantiene como “explicación” para los atrasos en el proceso inversionista “la no llegada a tiempo de materiales y componentes constructivos” para intentar ocultar las insuficiencias de la planificación no democrática.

Por suerte para Cuba y su futuro todos estos argumentos se van desvaneciendo ante la fuerza de la realidad, la inconformidad del pueblo y la plena disposición de la dirección de la Revolución a realizar los cambios que sean necesarios.

El lógico conflicto entre lo viejo por sobrevivir y lo nuevo por acabar de nacer y consolidase, entre el viejo socialismo estatista dirigista y el nuevo, participativo y democrático, se agudizará en lo sucesivo, aunque sus propios actores -quizás- no lo valoren así. No es un conflicto entre compañeros, sino entre ideas. Raúl lo identificó de esta manera: “Desde luego, no todas las propuestas y sugerencias podrán aplicarse íntegramente. Habrá que forjar el consenso para determinar lo más racional y conveniente, pues en no pocos casos se contraponen, y algunas opiniones reflejan falta de información, muy especialmente en la esfera económica.” En esta lucha democrática y fraternal a lo interno de la Revolución, seguirá la confrontación entre opuestos y partidarios de nuevas formas de organizar la producción, de la descentralización y del control obrero y popular; lo que Raúl denominó sintéticamente: “que la tierra y los recursos estén en manos de quienes sean capaces de producir con eficiencia, se sientan apoyados, reconocidos socialmente y reciban la retribución material que merecen.(…)… establecer prioridades, organizar mejor la mano de obra y los recursos e introducir tecnologías modernas.” Será la economía un área de difíciles batallas, pues el inmovilismo tratará de aferrarse a sus actuales palancas de poder y al monopolio de la “verdad y la información” que se va desmoronando ya, siendo necesario trabajar fuerte y claro en todas partes, a todas las instancias y en todas las ramas de la economía y la sociedad, para seguir buscando un consenso –sin graves fracturas- hacia una mayor participación de todos los trabajadores y ciudadanos en las decisiones económicas tanto en los centros de producción y servicios como en las comunidades, pues además de ideas contrapuestas y falta y información, a veces ausente totalmente y hasta tergiversada, hay desconocimiento de la teoría marxista sobre el socialismo en algunos compañeros que siguen asidos a los viejos esquemas fracasados y no logran rebasar los horizontes de los añejos manuales o se guían por modernos mamotretos del capitalismo agonizante.

Cualquier macroeconomía está sustentada en muchas microeconomías. Si éstas no funcionan bien, difícilmente aquella lo logre y viceversa, por lo que a ambas debe brindarse atención, análisis y remedios armonizados.

En el socialismo lo “productivo” no es lo que da “ganancias o aumenta los ingresos para el estado”, sino lo que ayude de forma directa, efectiva y palpable a mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y todo su entorno vivencial y socio cultural. Aquí, a los seres humanos no se les puede seguir viendo como otra mercancía más, como un valioso recurso capital o financiero, u objeto componente del sistema productivo, visiones todas sobre la fuerza de trabajo, cuando menos, tecnocráticas que la menosprecian; sino como los sujetos que organizan concientemente ellos mismos y realizan a diario la producción social y hacen su propia historia.

Las normas organizativas del trabajo en el socialismo, claramente expuestas por Marx, Engels, Lenin y muchos de sus continuadores, escamoteadas en aquellos manuales y aún poco divulgadas y al parecer desconocidas todavía por muchos, difieren de las del sistema asalariado y lucrativo del capitalismo y asientan sus bases en los tres principios fundamentales del paradigma cooperativista-autogestionario, súmmum histórico –además- de las mejores relaciones humanas: la propiedad o el usufructo colectivo sobre los medios de producción; la gestión democrática (discusión y aprobación colectiva de los planes y la dirección de la empresa) y la distribución equitativa (no igualitaria) del plus-trabajo o excedente para el consumo de los trabajadores, luego de descontados los aportes al fondo social y a la reproducción ampliada de la empresa. En muchos pasajes, Marx dejó claro que las nuevas relaciones de producción socialistas estaban contenidas en el sistema de trabajo de las cooperativas que ya existían, por mucho que se quiera desconocer esta parte de su obra.

Hace años el Perfeccionamiento Empresarial (PE) y las Unidades Básica de Producción Cooperativas, UBPC, que transitan por la senda que los puede conducir al paradigma autogestionario del socialismo marxista, tratan de abrirse paso entre el marasmo de los mecanismos burocráticos, las prohibiciones, las excesivas regulaciones de cientos de cuartillas que nunca nadie llega a dominar, las directivas de planes previamente aprobados y decididos desde arriba “a consultar con los trabajadores” y los enfoques mercantilistas y asalariados de la organización de la producción y la distribución del plus-trabajo o excedente, pensados para un esquema de acumulación centralizada. Igual se reconoce la alta productividad de las empresas que están en Perfeccionamiento, pero se restringe la entrada de otras en el sistema, por sus debilidades contables y de otros tipos, cuando el PE debería verse como una precondición para el mejor funcionamiento esas empresas y no como una consecuencia de su buen trabajo organizativo. Es evidente la confusión burocrática entre qué hace de carreta y qué de bueyes y la oposición, por cierto no muy disfrazada, a que sean los trabajadores los que controlen y decidan directamente la forma en que se emplea el excedente en salarios, costos, gastos e inversiones (fondos sociales, de consumo y reproducción), todos sabemos porqué.

Mientras sea un grupo de bienintencionados especialistas los que tomen esas decisiones y no los trabajadores mismos de cada centro, el socialismo seguirá siendo una utopía, la lucha por el ahorro una mera consigna y continuarán el despilfarro, el desvío de recursos, aumentarán las costosas empresas improductivas estatales de custodios, el desinterés de los trabajadores, la indisciplina laboral, el autoritarismo en la producción, el incumplimiento de los planes y todas las deficiencias señaladas y por señalar al sistema estatal-dirigista-asalariado. Otra cosa es la planificación general y desarrollo de la infraestructura nacional a partir del presupuesto del país, que deberá descentralizarse para su ejecución y concederse a empresas especializadas de organización permanente. Cuando la “rectificación de errores y tendencias negativas” se criticó y desactivó al SDPE, Sistema de Dirección y Planificación de la Economía por su ineficiencia y excesivo centralismo; hoy aquello parece haberse reproducido bajo otros nombres. Y seguirá reproduciéndose mientras no se cambie la filosofía que lo sustenta.

Será necesaria una clara determinación para implantar el PE en todas las entidades estatales, librarlo de sus pesados fardos burocráticos actuales y optimizarlo hasta llevarlo a funcionar sobre las bases paradigmáticas del sistema de trabajo cooperativo-autogestionario, para poder convertirlo en un verdadero motor incentivador de la producción y el compromiso de los trabajadores, con vistas a constituirlas en el futuro en empresas socialistas cooperativas, autogestionadas o cogestionadas, según las características de cada centro de producción o servicios, hasta lograr que: “las sociedades cooperativas unidas regulen la producción nacional con arreglo a un plan común” al decir de Carlos Marx.

Esta batalla central fue planteada por Raúl en estos términos:
“Debemos determinar, con la participación activa de todos, cuáles son en nuestras condiciones las vías más efectivas para asegurar el incremento sostenido de la producción nacional y de la capacidad exportadora del país, reducir las importaciones e invertir los recursos en prioridades bien definidas, para la búsqueda sistemática de la eficiencia productiva, así como el perfeccionamiento del sistema empresarial vinculado a los resultados.” Todos estamos de acuerdo en la fórmula socialista “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”. Las diferencias vienen a la hora de abordar el asunto en concreto. Entre otras, las fundamentales son:

1) Quién determina el aporte de cada cual, ¿un X aparato estatal de la superestructura del estado que establece esquemáticamente salarios fijos y estímulos adicionales por el buen comportamiento, o los propios trabajadores en la base a la hora de repartir la parte del excedente destinada al consumo?
2) Cómo se determina el aporte de cada cual, ¿según el nivel científico o cultural de cada uno o según la aplicación y resultados concretos de esa capacidad en valores mesurables?
3) Cómo se retribuye el aporte ¿en pesos devaluados que no permiten solventar las necesidades mínimas de reproducción de la clase trabajadora, o en una moneda con poder adquisitivo real?
4) Quién o quiénes determinan los montos de la retribución indirecta y los criterios en que se sustentan (subsidios, seguridad social y presupuestos sociales), ¿un grupo de especialistas, o todos los interesados?
Otras interrogantes pueden añadirse, pero dado el funcionamiento actual de la economía cubana, en dependencia de las respuestas a estas cuatro, seguiremos en el estancamiento actual o avanzaremos en la consolidación del socialismo. Estas problemáticas y sus respuestas no se encontrarán en Nikitin, Konstantinov, los modernos economistas burgueses ni los cursos de marketing, pero fueron ofertadas por muchos trabajadores en las recientes discusiones.

No podemos, tampoco, seguir discutiendo esto eternamente, sería caer en el inmovilismo con el discurso anti inmovilista. Ya hace muchos años alguien dijo que la mejor forma de burocratizar algo es crear una comisión “especializada” para que lo estudie. Se trata “del pollo del arroz con pollo”. Hay que actuar revolucionariamente, partiendo de los criterios de los trabajadores de la base y de la propia experiencia cubana e internacional, y acabar de enfrentarlo. Tomar el toro por los cuernos. Si lo dejamos en manos del aparato estatal de la burocracia, el PE jamás será implantado totalmente y muchos menos optimizado. Hay que poner la aplicación del PE y su optimización en manos de los trabajadores, convertirla en una tarea de los sindicatos, con apoyo del Partido. Sobre la marcha de su aplicación y en la medida en que aumente la participación directa de los trabajadores, ellos mismos demandarán nuevos pasos.

Importante será abrir la prensa oficial a todas las opiniones y al debate comunista sobre el tema. Hay muchos académicos y profesionales estudiosos del socialismo marxista, silenciados, listos para trabajar en función de lo que están demandando hoy los trabajadores con su actuación y Marx (*) definió hace siglo y medio, como la esencia de las nuevas relaciones socialistas de producción.

Ahora se habla por algunos de distribuir entre pequeños campesinos partes de las tierras de las UBPC “dado su fracaso”, sin valorar que nunca se les dieron las facilidades comerciales, crediticias y autonómicas que se están contemplando ahora para aquellos. Eso sería un paso atrás en la socialización y caminar en dirección a una desviada ruta asiática. Para entregar en usufructo a campesinos individuales, hay muchas otras tierras ociosas que pueden distribuirse provenientes de las granjas y empresas estatales que están sin cultivar.

Las UBPC, todas las cooperativas agrícolas y las otras que deberán autorizarse en la industria, los servicios y el comercio deben tener las mismas facilidades crediticias, libertades de producción y realización comercial, que se pretenden otorgar a los campesinos individuales, así como posibilitarles ampliar o desarrollar la industrialización de sus productos en fábricas artesanales o mejor dotadas técnicamente con apoyo crediticio del estado o con respaldo financiero y comercial que puedan proporcionar los marcos del ALBA. El control estatal debe radicar básicamente en el cobro de impuestos progresivos sobre las ganancias, regulaciones sanitarias y otras así.

En las próximas semanas y meses, tendrán que irse implementando las medidas concretas que hagan efectivo el discurso de Raúl, se levanten las absurdas prohibiciones –que no son pocas-, se haga la adecuada prioridad de las inversiones, se organice la producción agropecuaria sobre nuevas bases hacia la garantía de la autosuficiencia alimentaria, se brinde un especial impulso del Perfeccionamiento Empresarial hacia una verdadera y efectiva participación de los trabajadores en la gestión y el control del excedente y se den pasos a una verdadera integración económica y social del país actualmente fraccionado por la doble moneda y las diversas economías, mercados, formas de pago, restricciones y discriminaciones diversas.

Esto demandará el concurso de los cuadros y dirigentes a todos los niveles, pero sobre todo del respaldo mayoritario, decidido y vigilante del pueblo a las medidas que se tomen a favor de más socialización y participación, en lo cual deberá jugar un papel primordial la prensa abierta al servicio de los intereses populares y el socialismo que son una y la misma cosa.

En enero tendremos las elecciones para diputados al parlamento. Es posible que en ellas se manifieste la forma en que el pueblo ha estado valorando todo este proceso de discusiones y muchos decidan votar selectivamente, sólo por quienes consideren capaces de dejar atrás los viejos métodos.

El futuro gobierno que nombre la próxima legislatura, deberá estar en capacidad y disposición de avanzar en el nuevo rumbo que está anunciando este discurso de Raúl.

Viva el Año 50 de la Revolución.

Socialismo por la vida.

El revolucionario riesgo de la verdad

De Soledad Cruz publicado en Kaos en la Red

 Mejor sirve a la patria quien le dice la verdad. Esa es una de las máximas martianas a las que me aferro, aunque me ha costado caro en mi larga militancia. No digo que tenga la verdad absoluta, que no existe, ni sea poseedora total de la verdad dialéctica que suele ser escurridiza, me refiero a la vocación de decir lo que veo, los hechos, que como dijo Lenin, son testarudos, a mi pequeña verdad individual nutrida de las otras verdades que día a día me trasmiten mis compatriotas. Pero sucede que en el periódico, al que estoy vinculada desde el año 70 no puedo hacerla pública porque entre las taras estalinistas de las cuales no ha podido librarse el socialismo cubano está el mantenimiento de un periodismo al margen de la dinámica de la vida, de los conflictos naturales de la convivencia social, de ese entramado complejo que es pretender una sociedad más justa, siendo un país pobre, bloqueado, frente a un mundo que después de finalizada la guerra fría involuciona, salvo en algunas zonas como América Latina, donde ha vuelto a levantarse la bandera de la esperanza, entre otras razones por la ejemplar resistencia de la Revolución Cubana.

Pero esta paradigmática revolución, a la que le debo lo mejor de mi misma, está amenazada y puede ser reversible, como ya alertó Fidel en su discurso de la Universidad de La Habana en el 2005, no sólo por la agresividad cierta del enemigo sino por los problemas internos que aunque él mismo los habló con el mejor espíritu revolucionario, no se debatieron en aquel momento, siguen gravitando en la vida nacional mientras el estudio de sus causas se prolonga y los métodos emergentes que se emplean para solucionarlos no demuestran una comprensión cabal de en que fase está la sociedad, ni del cambio de mentalidad imprescindible para que el proyecto se mantenga a largo plazo.

      La lectura de un artículo firmado por Katerinjuk en Rebelión sobre la situación en las antiguas repúblicas socialistas del este y la propia Rusia me ha desatado los demonios de la angustia y la responsabilidad moral. Primero, porque visité algunos de esos países y desde los años 70 ya los niveles de inconformidad con el sistema eran tales que era previsible lo que sucedió después o al menos que, así, como era en aquellos lugares no podía ser el socialismo. Pero se guardaba silencio sin tener en cuenta que silenciar los problemas reales es la mejor forma de hacerlos mayores. Segundo, porque a pesar de las peculiaridades cubanas, encuentro, percibo, en nuestra sociedad disgustos similares y no únicamente por las carencias materiales que podrían ser comprendidas en el contexto internacional, sino por apelar a fórmulas simples para enfrentar mecanismos complejos de la sociedad y los individuos.

      En Cuba, la mayoría de la población quiere salvar la Revolución a toda costa. La mayoría inteligente sabe que no puede esperar nada mejor del capitalismo y mucho menos de los Estados Unidos o de los atorrantes de Miami. Agradecen y respetan el liderazgo de Fidel y toleran no pocas decisiones desacertadas por gratitud y sabiduría, pero como reza un dicho popular, hay que vivir y si para hacerlo no te alcanza el salario tienes que inventar lo que sea y de ese aspecto salen muchos de los males de la sociedad, pero también de que el estado benefactor insiste en resolverlo todo de una manera centralizada y no permite, ni propicia mecanismos alternativos para, según la iniciativa personal y la creatividad de cada cual la gente se gane su vida. Parece una derrota ante el capitalismo recurrir a esos métodos, olvidando que hay fenómenos de la economía que no son ideológicos, sólo que el capitalismo se ha apropiado de ellos que ha sabido usarlos para su expansión perpetua y para transformar a gran velocidad sus fuerzas productivas.


     
Elementalmente nadie puede negar que hay que producir, hacerlo con eficiencia y tener ganancias que sólo en el socialismo pueden tener una distribución social más justa para intentar igualar a las personas en el bienestar y no en la pobreza. Pero incluso, en los países socialistas que lograron cierto nivel de vida había una ansiedad por posibilidades que inexplicablemente no ofrece el socialismo y están más relacionadas con el campo espiritual y con lo individual que se sacrifica en nombre de la masa sin tener en cuenta que esa masa está formada por individuos.

      En el plano social las personas necesitan sentir que participan realmente en las decisiones que se toman en como conducir la sociedad, que son escuchadas y tenidas en cuenta; en el plano individual las personas necesitan sentir que son dueñas de sus vidas y estas no son propiedad del estado aun cuando apoyen a ese estado. Los que dirigen, elegidos por esas personas, aunque tengan las mejores intenciones, no pueden olvidar que su razón de ser es lo que sienten, piensan y necesitan sus electores. Pero como el socialismo se ha dado en una lucha enconada con un sistema enemigo que quiere desaparecerlo, esos principios primarios de la existencia humana quedan en un segundo plano y la participación de las personas se reduce a cumplir, apoyar lo que se decide arriba y eso, además, les quita verdadero sentido de responsabilidad con lo que ocurre en la sociedad.

Muchos de los ciudadanos de las ex-repúblicas socialistas que encontré en París, en mis tiempos de Embajadora ante la UNESCO reconocían los problemas duros de sus sociedades, pero alegaban que estaban en París, había sido su decisión personal, aunque trabajaran de meseras o de albañiles en la construcción, otros que estaban sólo de visita decían que ni soñar con ir a Paris en el socialismo. Hay miles de terrícolas en el capitalismo que no pueden ni soñar con ir a Paris, pero no les está prohibido y ese es un matiz que los políticos que quieren inclinar el mundo hacia el socialismo tienen que tener en cuenta. Y en realidad esas medidas tienen más que ver con un tipo de mentalidad simplificadora que con problemas que afecten a la sociedad socialista, que tiene que ser de libre elección y no obligatoria, porque cuando se trata de obligatoriedad a la larga sucede lo ocurrido en todo el este europeo.

Por supuesto que Cuba tiene un enemigo tan poderoso como para tener una ley que acoge a todos los cubanos que lleguen a territorio de EE.UU. y brindarle todas las facilidades para establecerse, lo cual no hace con el resto de los emigrantes, pero la manera de sortear ese ataque no puede ser que los cubanos, como si fueran párvulos, tenga que pedir un permiso de salida de su país, amigos o familiares tengan que comprar una carta de invitación para que puedan viajar al extranjero, tengan que pagar un impuesto todos los meses para poder permanecer hasta o­nce (meses) y obligatoriamente regresar o son declarados emigrantes y nunca más, salvo casos humanitarios, pueden volver a vivir en su país. Eso estaba justificado con los burgueses que se fueron, con los contrarrevolucionarios que atentaron abiertamente contra la revolución, pero no con las nuevas generaciones de cubanos, nacidos y criados en el proceso revolucionario que reconocen y- el estado también- que se trata de emigrantes por causas económicas y no políticas, que quieren buscar algún dinero y venir a gastarlo con su familia en Cuba, o emplearlo en mejorar su casa. Pero incluso 5 años después del retiro hay que pedir permiso al antiguo centro de trabajo para tramitar cualquier viaje personal.

De ningún país del mundo se puede salir al exterior si se tiene deudas, causas pendientes con la justicia o cuando se manejan informaciones que afecten la seguridad nacional, pero convertir un viaje en una verdadera mortificación, en un suceso humillante que niega el derecho a pagar un pasaje, ir y volver, me parece un problema evitable cuando en el país circulan divisas, buena parte de los cubanos tienen familiares o amigos en el extranjero que pueden proporcionárselas, algunos incluso las ganan dentro del país, o pueden convertir el peso cubano en divisa de manera legal. Se evitaría una molestia a los ciudadanos si los trámites fueran los comunes en cualquier lugar y quienes negaran las visas fueran los otros países, aunque para ello haya que tener un dispositivo especial para evitar infiltraciones del enemigo, que estaría mucho más justificado que ese aparato burocrático que se presta a sobornos y que incomoda a cualquiera con la sospecha de las razones de viaje y el temor a que la gente se quede.

      En caso de que alguien se quede entonces comienza el vía crucis para los que se quedaron, porque los que se quedaron tienen que volver a pagar la casa, o la parte de la casa que su padre o su madre compraron al estado socialista en precios muy bajos, pero fueron los precios establecidos y sufren una multa, un impuesto como si fueran responsables de la decisión del que se quedó. Es kafkaiano, como lo es también que si los padres mueren, los hijos tienen que volver a pagar la casa para permanecer en ella y que la casa o el auto no se pueden vender aunque se pudran de falta de mantenimiento porque las personas no tienen recursos para mantenerlos y necesitan vender para poder continuar su vida más reducidos o menos cómodos.

      Entonces surge el problema de la propiedad y no hablo de la explotadora privada, sino de la personal, adquirida con el trabajo. Nada es verdaderamente tuyo, tú no puedes decidir por ti mismo si viajas, si cambias de casa, si vendes el auto y todo eso es para evitar que los sectores enriquecidos ilegalmente se apropien de lo mejor del patrimonio o puedan adquirir cosas que en tiempos mejores el estado facilitó por méritos laborales, pero a quien se está lacerando es a esos ciudadanos, que dadas las circunstancias, intentan buscar solución a los problemas económicos que el estado no puede resolver, aunque se esfuerce y tenga la voluntad de hacerlo. Es otra camisa de fuerza y una vez más se acude a la simplificación. Porque el estado, como en cualquier parte del mundo, puede beneficiarse si cobra impuestos por cualquier transacción de esas, incluso se los puede poner al comprador para defender al de menos posibilidades, porque lamentablemente los de mayores posibilidades económicas no son los científicos que hacen vacunas, ni los campeones olímpicos, ni los héroes del trabajo, sino los que a pesar de todas los decretos y regulaciones se han enriquecido ilícitamente o tienen entradas del exterior muy grandes.

      Si los burócratas que deciden esas medidas, que carecen de base socialista, porque vulneran derechos elementales reconocidos desde el famoso manifiesto comunista, se platearan soluciones de fondo a los muy complejos problemas de la sociedad cubana, diseñarían fórmulas más apegadas a la situación actual que no es la de los años 80, por tanto realistas y como realistas revolucionarias, y digo burócratas porque estoy convencida que si Fidel y Raúl conocieran esas medidas y como se aplican, estoy segura que no podrían dar su apoyo y por eso la gente que cree lo mismo, dicen deja que ellos se enteren, pero el socialismo no puede depender de dos, tres personas, cuatro o diez que tengan la lucidez de entender que muchas medidas de esas son interpretadas como modos de molestar y fastidiar todavía más el difícil cotidiano.

      Y no lo digo por cobardía para eximir a Fidel y Raúl de responsabilidades sino porque como ciudadana de este país he escuchado a Fidel decir que el socialismo es una agrupación de voluntarios cuando el éxodo de Mariel y a Raúl que los frijoles son tan importantes como los cañones en plena crisis de los 90, para citar sólo dos ejemplos de realismo político. Por eso no puedo imaginar que comulguen con esa lista de medidas vejatorias que incluyen las regulaciones en las relaciones con los extranjeros.

      Nunca he leído en el periódico Granma que no se puede llevar en el auto a extranjeros, ni se pueden hospedar a los amigos que nacieron en otros lares en la casa. Pero si llevas a extranjeros en tu carro puedes tener una multa de 1 500 pesos y si se quedan en tu casa por el estilo, salvo que pidas una autorización que no siempre es concedida. Es una forma de evitar el tráfico de drogas, las prostitución, de hacer que la divisa llegue directa a manos del estado que la emplea en garantizar la salud y la educación, una cuota mínima de alimentos subvencionada y miles de ventajas más, nadie lo duda, pero ni todos los ciudadanos son iguales, ni todos hacen negocios turbios y es muy lamentable que quien te brinda hospitalidad en su país no pueda ser reciprocado. Ninguna de esa medida es gratuita, todas intentan controlar situaciones que se han creado a causa de las circunstancias, pero no pueden ser facilistas, igualatorias, sin tener en cuanta que no se puede tratar a las personas decentes como a los delincuentes.

      La lucha contra la prostitución está llevando a frustrar las relaciones verdaderas entre nacionales y extranjeros. Como en cualquier parte del mundo aquí se enamoran las gentes de cualquier parte y se hacen amigos también. Pero ninguna mujer, ni hombre puede hospedarse en un hotel con su pareja si no es del país, aunque sean mayores de edad y absolutos responsables de sus actuaciones. Se alega que es para evitar la desigualdad de los que pueden y los que no pueden. Pero las desigualdades siempre han existido y ahora se han hecho más evidentes y lo peor es que al final acceden a esos presuntos privilegios gentes que logran sobornar o simplemente se van a casas particulares que ni siquiera pagan impuestos. Porque no se puede pretender controlar la existencia de las personas minuto a minuto y la mayoría de esas medidas contribuyen más a delinquir que a lograr los propósitos con las que se imponen. Esas presiones, que tienen un fondo de torpeza, que ya probaron su ineficacia en todo el antiguo campo socialista, ocasionan grandes disgustos en la población, aunque por gratitud o temor no se cuestionen a escala masiva, y van creando un caldo de cultivo nada favorable.

      Igual sucede con el empecinamiento en mantener la propiedad estatal como única variante en aspectos que otras alternativas han mostrado mejores resultados, tales como la gastronomía y la agricultura y no se trata de incentivar la propiedad privada, sino la colectiva posible en estos tiempos, ensayada tímidamente y que a la larga es la verdadera fórmula socialista como ya han señalado otros. Incluso, hay un aspecto de la propiedad cooperativa que puede ser salvadora ante cualquier jugarreta futura de los enemigos y que podría evitar que ante cualquier circunstancia adversa que funcionarios inescrupulosos de hoy se apropien de los bienes que legítimamente pertenecen al pueblo, como ocurrió cuando la caída del socialismo en Europa del este. Y está descripta en el Estado y la revolución de Lenin, refiriéndose a la democracia socialista que nunca llegó.

      Si legalmente cada pedazo de tierra del país pertenece a un consejo cooperativo, cada fábrica, cada instalación deportiva, cada teatro, nadie podrá venir un día a apropiarse de ellos porque sus dueños colectivos tendrán los medios para defenderla, y eso es propiedad socialista al duro, que se puede tocar con las manos frente a una propiedad estatal que nunca los ciudadanos han sentido suya verdaderamente, entre otras cosas porque las ancestrales costumbres no se cambian por decreto, ni las tendencias naturales de la especie a que pertenecemos.

      Después de las amargas experiencias del socialismo en Europa del este, los comunistas deberíamos entender aquella máxima de Ghandi: si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo, para no pedirle a nadie que haga lo que no seamos capaces de hacer y también que sí, es cierto, como han dicho algunos ideólogos enemigos la lógica del capitalismo está más cerca del atavismo biológico de los seres humanos. Cuesta menos esfuerzos mentales sumarse a la ley del más fuerte, como hace la manada de los monos, y el capitalismo ha sabido convertir las miserias humanas en categorías para el funcionamiento económico. Ser socialista, pensar como socialista, sentir como socialista requiere de un esfuerzo espiritual e intelectual mayor porque implica pensar también en los otros y dominar al animal que somos. Para conseguir dejar atrás la prehistoria, si queremos que haya socialismo del Siglo XXI, tendremos que evitar los mismos errores que ya demostraron en el siglo XX su fracaso.


     
La paradigmática Cuba tiene que despojarse de todas las fórmulas y métodos tomados a préstamo de quienes se suponían de mayor experiencia y desaparecieron por su aferramiento. También tiene que impedir que su agenda interna la ponga Estados Unidos con sus provocaciones y mucho menos los desnaturalizados de Miami. Y en eso Fidel y Raúl si tienen gran responsabilidad como garantes de los cambios socialistas que deben producirse antes de que desaparezcan como líderes vivos. A pesar de la corrupción y otros males, existen millones de revolucionarios cubanos dispuestos a participar en las transformaciones necesarias, sabedores de que no hay nada que dañe más a las mejores ideas que el estancamiento y esas medidas y métodos a los que me he referido muy discretamente, que sofocan y agobian a las personas no pueden generar el espíritu indispensable para que el empeño socialista se sienta como tal.